Sintomatología
Al comienzo, la ELA puede ser tan sutil que los síntomas se pasan por alto, pero a medida que la enfermedad evoluciona, la debilidad y la atrofia muscular se propagan gradualmente a otras partes del cuerpo.
Por lo general, se conserva la habilidad para desempeñar procesos mentales elevados, como razonamiento, memoria, comprensión... Esto hace conscientes de su progresiva pérdida de funciones a las personas que la sufren, y se vuelven ansiosas y deprimidas.
Los síntomas del ELA no se van a manifestar al mismo tiempo, siendo los mencionados a continuación las características generales de la enfermedad:
- Debilidad muscular, primeramente en las extremidades y más tarde en cuello y diafragma.
- Atrofia muscular.
- Sensación de cansancio.
- Pérdida de equilibrio y coordinación de movimientos.
- Dificultad respiratoria.
- Contracciones involuntarias (fasciculaciones).
- Reflejos alterados.
- Calambres musculares.
- Movimientos involuntarios de una región de un músculo.
- Músculos tensos o rígidos (espasticidad).
- Alteraciones del sueño.
- Cambios en la voz y lenguaje enredado o nasal.
- Desnutrición y pérdida de peso, ya que la quema de calorías es más rápida.
- Dificultad para masticar o tragar (disartria y disfagia).
- Efecto Seudobulbar (episodios involuntarios o incontrolables de llanto o risa, u otras manifestaciones emocionales).
- Estreñimiento causado por otros signos clínicos.
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